viernes, 7 de agosto de 2026

Solo ante el peligro

 






Cita con la Mistress, La dominacion

 

Cuando salí de lo que seria el vestuario, la Mistress también se había cambiado de ropa, vestida un mono de látex, y un corpiño que le daba una aire de autoridad y de dominación, también me fijé que en su entrepierna colgaba un consolador. En su mano jugaba con una fusta de equitación, mientras que en la esquina de estaba el sissy en un rincón.

 

Lo primero que hizo es atarme en una especie de cruz, donde una vez atado, me puso unas pinzas en los pezones y en lo huevos una especie de paracaídas, las pinzas estaban diseñadas para ir colgado pesas para que fuese tirando de los pezones lentamente, al igual que en el paracaídas de los huevos, sentía como la carne se estiraba dándome un dolor cada vez mas fuerte llegando a ser insoportable.

 

Una vez llegado a mi limite, con la fusta fue pegando primero las piernas, para ir subiendo, hasta llegar a los pezones, hasta que suplique que parara, tenia una palabra de seguridad que habíamos puesto en el contrato, pero no quería decirla, solo suplicaba haciendo que ella aun pegara más y más, de vez en cuando me preguntaba si todo bien y si quería decir esa palabra, creo que lo hacia para comprobar que todo fuese bien, después de todo era mi fantasía y debía ser placentero para mí, no una tortura la cual no me excitase.

 

Luego cogió dos palillos de esos que se utilizan en las comidas chicas, con una mano me saco la lengua y puso los dos palillos sujetándola para que no la pudiese retirar, mi saliva empezó a caer, primero por la cara, para seguir goteando por mi cuerpo, de vez en cuando cogía un poco de la saliva en sus manos enfundadas en látex, para pasármela por mi boca.

 

Antes de que pudiera acostúmbrame a todo eso, me desato, me quito las pinzas, el paracaídas de los huevos, y los palillos, aun me lenguda se sentía extraña, y mis pezones seguían doloridos, se subió a su trono e hizo que lamiera sus zapatos y sus piernas, llegando a tocar con mi cara ese consolador, pero me prohibió que lo tocara.

 

Cuando hubo terminado me saco las pinzas y me coloco un cinturón en los pechos con unas pequeñas pues que acentuaron mi dolor, luego me entrego unos zapatos que al ponérmelos sentí que dentro de ellos había unos pinchos, cuando los tuve puestos, me hizo andar un poco por la habitación, me dolían los pies, no podía moverme, pero ella se aseguró que diera la vuelta con la ayuda de un látigo, cada vez que me movía a poco a poco o me paraba ya sentía el azote del látigo, todo eso bajo la fría mirada de su sissy.

 

Era curioso pero todo esto lo que hacia era que mi polla intentara romper la jaula donde estaba puesta, pues la notaba en las paredes del cinturón de castidad.