John
se despertó y miro el reloj que tenía en su mesita de noche eran las 11:00 AM.
Ni siquiera mas unos segundos más tarde y comenzó a sentir ese deseo
incontrolable que lo había acosado la última vez. Pero él estaba preparado para
eso. Él sabía que iba a sentir la necesidad de ser penetrado y de tocarse a sí
mismo y que podría hacerle perder el control. Así, que había asegurado de no
sentir esa necesidad.
Se
quito el pijama y permaneció desnudo.
Se
puso un cinturón de castidad con un consolador de látex alrededor de unos diez
centímetros de largo, que mantenía su vagina húmeda. También tenía un consolar
similar para el orificio del ano, pero este era un poco más corto. Como el día
anterior había tenido suficiente introducción en su intestino grueso no iba a
jugársela durante el día. La parte delantera de ese cinturón de castidad, tenía
un pequeño orificio que dejaba orinar, incluso con el consolador insertado.
Sentía
curiosidad para verse a sí mismo por lo que se detuvo un momento en el espejo
admirando su look. Una imagen toda de la febril imaginación del director de una
película porno. Cogió la máscara femenina y lo intento. Se parecía bastante
normal. Por un momento tuvo la tentación de permanecer allí un poco más tiempo,
pero pronto comenzó a sentir el cosquilleo de nuevo y la voz suave que le
sugería con insistencia que tenía que comer la tercera galleta. Pero él no
quiso escuchar a los cantos de la sirena, por lo que se apresuro a continuar con
su plan sin quitarse la máscara.
Guardo
las llaves del cinturón de castidad junto con las de las esposas que planeaba
usar, en la misma caja de seguridad que había usado el día anterior y lo
programo con el tiempo suficiente para que durare hasta las 7:30 PM, que sería
la hora de recuperar su cuerpo masculino. Luego se esposo las manos a la
espalda.
Se
pasaría todo el día en ese estado hasta el momento en que la maldición hubiera
terminado. De esa manera él sabía que su deseo estaría bajo control durante ese
tiempo. Ahora, para pasar esas ocho largas horas decidió ver el video de la
noche anterior.
Él
sabía que no sería capaz de concentrarse, pero sentía la necesidad de verlo de
manera estimulante y tener muchas y agradables orgasmos. Mantenía en su mente
el intenso recuerdo de la ocasión anterior y estaba demasiado ansioso para
repetirlo ahora que tenía la oportunidad. De todos modos, con todas las
precauciones que había tomado él no podía hacer nada más que eso.
Esta
vez, el número de orgasmos que tuvo era mucho mayor que los de la primera vez.
Era evidente que ante el estimulo que había sentido la ultima vez, se agregaba
el hecho de estar esposado, amordazado y con los dos orificios invadidos por
los miembros que generaban una situación de éxtasis inmejorable. Cuando la
película termino, vio allí que quedaban dos horas para que se volviera a
transformar en un hombre de nuevo.
Así
que decido quedarse descansando en el sofá y cerró los ojos. Tal vez solo el
recuerdo de la noche anterior le haría sentir más orgasmo sin la necesidad de
ver la película. La caja fuerte tenía una campana que sonaría cuando el tiempo
de apertura hubiera terminado para lo que despertaría a tiempo para poner fuera
todo lo que tena en la espalda antes de transformarse otra vez.
Cuando
el ya había experimentado dos o tres orgasmo mas su concentración se vio
interrumpida por los golpes de un gran reloj que estaba cerca de su
apartamento. Los conto mentalmente, debían ser las cinco, calculo. Uno, dos,
tres, cuatro, seis, siete.
“Siete
golpes? Ese reloj debe estar mal.” Pensó.
Y
luego cerró los ojos y estimulándose a sí mismo hasta que tuvo otro orgasmo.
Pero entonces se acordó de los accidentes cerebro vasculares. ¿Qué pasa si el
reloj no estaba mal?”
Decidió
levantarse del sofá y caminar, con un poco de dificultad al tener ambos
elemento de penetración en la vagina y el año. Fue a cocina y vio la hora en el
reloj de pared. Las siete y cinco.
“¿Cómo
puede ser posible? Los dos están mal?”
Para
estar seguro fue a la televisión y cogió el mando con las manos esposadas y la encendió
buscando algún canal de noticias. Vio en el monitor que eran las 19:06. Él no
podía creer lo que le estaba pasando se dirigía a su dormitorio como un jinete
que ha estado cabalgando de su caballo más de 24 horas seguidas. Miro el reloj
de la mesita de noche y vio que eran las 17:02. El reloj de la mesita atrasaba!
Luego
regreso a la sala y miro a los relojes de ambas cajas de seguridad que estaban
sobre la mesa. La que él había cerrado a las doce y veinticuatro, esos era los
minutos que faltaban para abrirse. La que abría cerrado por la mañana, que no
era la mañana después de todo, decía a las 2:27.
Así
que él no sería capaz de quitarse las esposas o el cinturón de castidad durante
más de dos horas. Y en tan solo veinticuatro minutos volvía a convertirse en un
hombre de nuevo. Y ese miembro que estaba penetrado en su interior del
orificio… solo de pensarlo lo que podría suceder sintió un gran temblor y
sudores.
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